einbahnstrasse

Cultura / Sociedad / Estética

Cambio de dirección

Nueva dirección de Einbahnstrasse:

http://www.einbahnstrasse.wordpress.com/




Julio Llamazares: Las dos Españas

Julio Llamazares, ayer en El País. Una interesante reflexión acerca de un verdadero problema.

Las dos Españas
JULIO LLAMAZARES 13/02/2007

Mientras las provincias de la costa se llenan de construcciones, la España del interior se despuebla. Esas son las verdaderas dos Españas y no las de Machado, pese a que todavía perviven (no hay más que ver nuestro Parlamento).

Desde hace varias décadas, España se resquebraja, y no políticamente, dividida en dos mitades, la de las regiones ricas y la de las regiones pobres, que el mapa marca perfectamente: las ricas son las que baña el mar y las pobres las que están lejos de él. Solamente Madrid es la excepción, por los motivos que todos conocemos.

Extremadura, las dos Castillas, Aragón, el antiguo reino de León y las provincias interiores de Galicia se han ido así despoblando, aprisionadas entre las dos presiones que marcan el desarrollo de este país: la centrífuga de la periferia y la centrípeta de Madrid. Dos presiones combinadas que han arrastrado a sus habitantes hacia las regiones cálidas y con más posibilidades económicas o hacia la capital de España, que continúa ejerciendo un innegable atractivo para la mayoría de los españoles. Justo todo lo contrario que las viejas capitales y pueblos del interior, envejecidos y sin futuro para los jóvenes, a excepción de unos pocos casos. El resultado es un desolador paisaje, con provincias prácticamente deshabitadas y con comarcas enteras condenadas a la desaparición.

Pero, a lo que se ve, a nadie, salvo a los habitantes de esas regiones, parece preocuparle esa situación. Mientras media España se despuebla, mientras la mitad del mapa se desertiza delante de nuestros ojos condenada al ostracismo y al olvido por su situación geográfica, la otra mitad continúa creciendo sin importarle lo que le sucede a aquélla. Incluso despreciándola por su decadencia como en el colegio determinados alumnos aventajados hacen con los más torpes. No hay más que ver las reacciones suscitadas por las reclamaciones de algunas de esas provincias, como Zamora, Teruel o Soria, cuyos habitantes han tenido que manifestarse al grito de que existen para que les hagan caso.El problema viene de lejos. Viene de la época del desarrollismo de la dictadura, cuando comenzó la industrialización de determinadas zonas de la periferia, que provocó el primer éxodo de población interior, y se acentuó luego con el turismo, que atrajo hacia las costas cantidades ingentes de mano de obra en perjuicio de las regiones y las provincias del interior. Paradójicamente, la descentralización política propiciada por el llamado Estado de las autonomías, en lugar de corregir esa tendencia, la ha acentuado todavía más gracias a lo que los economistas llaman, con magnífica expresión, optimización de los recursos productivos nacionales y a la insolidaridad interregional. Todo ello, por supuesto, con la colaboración de los sucesivos gobiernos, más preocupados por complacer a las autonomías ricas, cuya mayor población les procura un mayor poder político, que por ayudar a las desfavorecidas. Justo todo lo contrario de lo que se reclama a Europa y de lo que hacen internamente otros países de nuestro entorno.

No seré yo quien explique aquí la importancia del equilibrio económico y demográfico de un país, no sólo para su desarrollo armónico, sino también para su bienestar global. Cualquiera sabe que un país desvertebrado, con grandes diferencias entre sus distintas zonas, repercute negativamente a la larga en todas ellas y no sólo en las perjudicadas. Como ocurre con un cuerpo en el que uno de sus órganos se desarrolla exageradamente más que los otros o con una familia en la que uno o varios de sus miembros medran a costa de los restantes, tarde o temprano empezarán a surgir los problemas para todos, puesto que, al malestar de los discriminados, se sumarán los derivados del hiperdesarrollo de los favorecidos, como ya se empieza a ver en nuestro país. Todos oímos continuamente las quejas de las regiones ricas en relación con la falta de agua o con la destrucción de su medio ambiente. Y es que, como dijo el sabio, no se puede tener todo.

Las quejas de esas regiones nada tienen que ver con la solidaridad. Al contrario, se basan precisamente en el egoísmo, que es el principal motor de este país actualmente; no sólo entre las personas, sino entre las autonomías. El debate sobre el agua, que cada vez se hace más virulento, es un buen ejemplo de ello. El debate sobre el agua o sobre el reparto de la producción eléctrica, por no hablar de otros muchos parecidos, no han hecho más que poner de manifiesto el desequilibrio de una nación que construye e invierte donde no tiene energía mientras que deja que se deserticen las regiones donde ésta sobra. Hasta ahora, el problema se solventaba con el argumento de la solidaridad, pero hoy ese argumento no se sostiene, dado que la solidaridad no existe. Y es que ¿cómo se le puede seguir pidiendo ésta a Aragón, o a Castilla-La Mancha, pongo por caso, en materia de agua para regar, con las provincias vecinas de Levante o Cataluña, cuando con ellas nadie ha sido solidaria en mucho tiempo? ¿Cómo puede exigírsele a León o a Extremadura que continúen sacrificando valles y pueblos para producir energía eléctrica para el resto, cuando el resto las ignoran o desprecian normalmente? La solidaridad ha de ser recíproca y eso no ocurre en este país.

Pero nadie parece darse cuenta de lo que se avecina. Mientras la insolidaridad aumenta, mientras el desequilibrio crece, mientras las dos Españas geográficas se alejan una de otra a ritmo vertiginoso, nuestros políticos continúan a lo suyo, que es agrandar las dos ideológicas, y nuestros pensadores siguen secundando a aquéllos en sus estériles e inagotables discusiones sobre la unidad de España o sobre su conformación plural, cuando en la realidad España no existe. Basta mirar el mapa desde un satélite para ver que es una ficción. Una campana gigante, como escribía Manuel Vicent hace tiempo, con un badajo en el medio que resuena en el vacío inmenso que lo rodea.

Julio Llamazares es escritor.

The Yes Men

Anoche ví The Yes Men, una muy recomendable película de la que hace algún tiempo había oido hablar. El Viejo Topo, hace algunos meses, publicó un libro sobre estos tipos. La película se puede ver en Rebelión.

Reproducimos a comtinuación un texto de Rebelión que explica un poco la película.






The Yes Men: los superheroes de la antiglobalización

Carlos Martínez
Rebelión

La oposición contra el capitalismo adopta muy diferentes formas y medios. La mayoría de la izquierda es poco imaginativa en sus acciones y es capaz de dormir a las ovejas. Muchos jóvenes rehuyen el activismo ya que a nadie le gustan las largas y tediosas asambleas que suelen acabar con un conflicto interno. Estoy convencido que muchas más personas estarían dispuestas a participar en otras acciones eficaces a la par que divertidas.

La infiltración y la corrección de identidades son dos formas de boicotear a las grandes corporaciones que nos proponen los Yes Men y RTMark, de cuyas actividades he tenido noticia a través del libro “The Yes Men, la verdadera historia del fin de la OMC”, publicado recientemente en España por la editorial “El Viejo Topo”. También se rodó una película que se puede comprar en su página web theyesmen.org o, como es mi caso, se puede descargar desde el e-mule, y quien no sepa inglés, también puede encontrar en esa red los subtítulos en castellano.
Tanto en el libro como en la película nos cuentan sus acciones provocadoras desde su inicio, empezaron falsificando muñecas “Barbie” a las que le intercambiaban el módulo de voz del muñeco “GI Joe”(1), para que los “Gi Joe” dijeran cosas como “Las matemáticas son difíciles” o las Barbies amenazaran “Los hombres muertos no mienten”, los juguetes eran devueltos a los comercios para regocijo de los niños que tuvieron la suerte de que sus padres se los compraran. Posteriormente registraron el dominio web gwbush.com en la que recordaban su pasado de toxicómano o los vínculos de su abuelo con los nazis.

Pero su actividad estrella fue la falsificación de la página de Internet de la Organización Mundial de Comercio mediante el dominio gatt.org, a pesar de que era una imitación muy evidente dicen los autores que “cualquier persona con dos dedos de frente que hubieran leído cualquier parte del texto sabría inmediatamente que era imposible que lo hubiera escrito la OMC. Pero, aparentemente, muchas personas del mundo de los altos negocios o no tienen ni esos dos dedos de frente o no lee, o las dos cosas, por que inmediatamente nos inundaron correos electrónicos de abogados, de funcionarios ministeriales, de académicos y de otras personas que – gracias a una rápida búsqueda a través de Google o de Yahoo- pensaron estar en correspondencia con los peces gordos de Ginebra”.

Desde este momento, Andy y Mike, los protagonistas de esta historia, viajan por congresos de todo el mundo haciéndose pasar por directivos de la OMC, a pesar de que sus ponencias tenían un tono desmesurado y grotesco, las audiencias no descubrían que estaban ante unos impostores, por lo que fueron subiendo de tono hasta llegar a la payasada más surrealista sin que ningún oyente ni periodista se inmutara.

La historia tremendamente divertida y amena pero, como ellos mismo recuerdan, a su vez preocupante. Que los discursos más disparatados sean escuchados sin rechistar por las élites económicas del mundo, solo por que provienen de un “experto” de la OMC, nos indican el desgobierno del mundo actual.


Notas:
1.- Los Gi Joe son unos unos muñecos soldados muy viriles.



Roy Bhaskar: el Realismo Crítico.

Roy Bhaskar es un filósofo inglés de origen hindú, fundador del llamado Realismo Crítico, un movimiento filosófico que trata de elaborar un replanteamiento del proyecto socialista dentro de las ciencias sociales. A continuación reproducimos un artículo suyo en la revista Viento Sur, donde sintetiza algunas claves de su proyecto.

El artículo original está aquí.

Que aproveche.

Realismo crítico, relaciones sociales y defensa del socialismo
| VS | || sección: web |
Roy Bhaskar
[Roy Bhaskar es profesor de filosofía del Linacre College de Oxford y de la Universidad de Londres. Es autor, entre otros, de Scientific Realism and Human Emancipation, Verso 1986 y Reclaiming Reality, Verso 1989].

Roy Bashkar reivindica el "realismo crítico", frente al "nuevo realismo" de la socialdemocracia, como método para comprender las relaciones sociales.


La Ilustración es la liberación del ser humano de un tutelaje consentido. Tutelaje que es la incapacidad de hacer uso de su comprensión, sin depender de otros. Consentido, cuando sus causas se deben, no a debilidad de razonamiento, sino a falta de resolución y coraje para pensar por sí mismo. Sapere aude! ¡Ten coraje para usar tu propia razón!. Este es el lema de la Ilustración. L.W. Beck


1-Preparando el terreno. Parto de que cualquiera que sea nuestra posición política, en un sentido estrechamente partidario o faccional, todos los que luchamos por el socialismo podemos estar de acuerdo en que nuestra principal tarea hoy es construir un movimiento para el socialismo, en el que las ideas socialistas consigan la hegemonía cultural e intelectual y se conviertan en el sentido común ilustrado de nuestra época. Mi utilización de la frase “sentido común ilustrado” es deliberada. En un mundo capitalista y una sociedad burguesa, el socialismo nunca será mero sentido común. Pero sí podemos aspirar al amanecer de una nueva ilustración, una ilustración socialista que sea inspiración de un nuevo orden futuro, de la misma manera que la ilustración burguesa del siglo XVIII preparó el camino de la Declaración de Independencia de EE UU, la Revolución Francesa y el fin de la esclavitud colonial. Si éste es nuestro proyecto en tanto que intelectuales socialistas, convencer de las ventajas y necesidad del socialismo, es obvio por qué debemos tomar en serio la filosofia.

Tenemos que tomar en serio la filosofia porque es la disciplina que tradicionalmente ha sustentado tanto lo que constituye la ciencia o el conocimiento, como las prácticas políticas consideradas legítimas. De hecho puede argumentarse que muchas de las confusiones actuales de la izquierda, por ejemplo la aceptación de falsas dicotomías como fundamentalismo/revisionismo, individualismo/colectivismo o análisis científico/criticismo moral, se deben a la utilización inconsciente de filosofias inadecuadas de la ciencia y la sociedad. Entre los intelectuales radicales a la moda, la tendencia intelectual dominante ha ido del idealismo estructuralista y post-estructuralista de los 70 y comienzos de los 80 a un empirismo autocalificado de “nuevo realismo” que ha hecho estragos a partir de mediados de los 80. Quienes se han resistido a la atracción de estas modas han perdido, a pesar de todo, confianza en su capacidad de criticarlas. Mi objetivo en este ensayo es desarrollar brevemente las implicaciones de una filosofia de la ciencia y la sociedad mas adecuada para la lucha por el socialismo. Una filosofia concebida -a la manera de Locke-, como una forma de desbrozar el terreno para la ciencia y los proyectos de emancipación humana. Y -a la manera de Leibniz-, como un análisis y crítica potencial de los sistemas conceptuales y las formas de la vida social en los que se sustentan. Una filosofía que sea parte al mismo tiempo del proyecto a más largo plazo de convencer en los debates intelectuales de mas calado. La hegemonía política de la derecha –con su proyección en el seno del movimiento obrero- es una muestra de hasta qué punto ha sido capaz de imponerse en los debates intelectuales. Pero además, bajo la etiqueta de un “nuevo realismo”, se ha apropiado incluso de los conceptos de realidad y realismo.



2-Realismo crítico frente a “nuevo realismo”. El llamado “nuevo realismo” se limita a reflejar y acomodar las formas de la sociedad capitalista contemporánea a la nueva y rápidamente cambiante situación, tanto local como internacionalmente. El tan cacareado ajuste a los hechos de la vida política es en realidad un empirismo o, si se prefiere, un realismo empirista. Es una forma de realismo que es incapaz de reconocer que hay estructuras perdurables y mecanismo generativos que sustentan y producen fenómenos y acontecimientos observables. En otras palabras, el “nuevo realismo” es un realismo de lo mas superficial.

Conviene señalar que todas las filosofias, discursos cognitivos y actividades prácticas presuponen de una manera u otra un cierto realismo, en el sentido de una ontología o descripción general del mundo. La pregunta esencial es: ¿de qué tipo?. El realismo crítico, científico y trascendental que propongo concibe el mundo como estructurado, diferenciado y cambiante. Y se opone por igual al empirismo, al pragmatismo y al idealismo. Los realistas críticos no niegan la realidad de los sucesos y los discursos. Por el contrario, insisten en ellos. Pero mantienen que sólo seremos capaces de entender –y cambiar- el mundo social si identificamos las estructuras actuantes que generan esos sucesos y discursos. Esas estructuras no son reducibles a las tendencias ni de los sucesos, ni de los discursos. No son espontáneamente perceptibles en las tendencias de acontecimientos observables. Sólo pueden identificarse a través del trabajo práctico y teórico de las ciencias sociales.

Los fenómenos sociales (como la mayoría de los naturales) son el producto de una pluralidad de estructuras. Pero estas estructuras deben ser ordenadas jerárquicamente de acuerdo con su importancia explicativa. Este tipo de aproximación nos permite evitar tanto los errores de un crudo determinismo (por ejemplo, el reduccionismo económico) como de un eclecticismo indiferenciado. Así, para comprender el crecimento del militarismo hay que tomar en cuenta tanto la dinámica del orden económico internacional como los conflictos políticos entre Estados-nación (o bloques ) y su interacción. Merece la pena señalar que una jerarquía explicativa que priorice el nivel económico no tiene por qué implicar la subordinación de las diferentes organizaciones autónomas de distintos grupos de oprimidos (aunque pueda tener implicaciones para sus estrategias respectivas).

El realismo no es, ni da licencia para, un conjunto de análisis substantivos ni de prácticas políticas. Pero si nos dota de unas perspectivas sobre la sociedad (y la naturaleza) y cómo comprenderlas. No es un sustituto, sino una ayuda para guiarnos en una investigación empíricamente controlada de las estructuras que generan los fenómenos sociales. Y desde esta perspectiva realista crítica, podemos ver cómo ha oscilado el péndulo de la moda intelectual, desde la visión hiper-estructuralista de la gente como meros efectos o productos ilusorios de unas estructuras de las que ni son conscientes ni controlan, a un “nuevo realismo” que vacía el mundo social de cualquier dimensión estructural persistente, haciendo -como señaló Raymond Williams-, “ajustes a largo plazo en cambios a corto”.


3-Comprender las relaciones sociales. A lo largo del siglo pasado, el discurso popular, académico y político sobre la sociedad ha tendido hacia uno de los dos polos de una polarización burda entre individualismo y colectivismo. La teoría social clásica ha oscilado entre el individualismo y el voluntarismo del utilitarismo y el weberianismo, de un lado, y el colectivismo y la cosificación implicita en el pensamiento organicista y durkheimiano, de otro. A nivel político, el primero ha encontrado su expresión en el liberalismo y el segundo en la social-democracia (y el stalinismo).

Los realistas defienden una comprensión de la relación entre las estructuras sociales y la actividad humana que se sustente en una concepción de la actividad social como transformación, que evite tanto el voluntarismo como la cosificación. Al mismo tiempo, entienden lo social como algo que consiste o depende de relaciones. Esta visión se opone tanto al atomismo individualista como a un colectivismo indiferenciado.

De acuerdo con esta comprensión de la actividad social como transformación, la existencia de estructuras sociales es una condición necesaria para cualquier actividad humana. La sociedad proporciona los medios, formas, reglas y recursos para todo lo que hacemos. Lejos de no existir –como quería la señora Thatcher- la existencia de la sociedad es una condición trascendental necesaria para todo acto intencional. Es la condición no motivada de toda acción querida. No creamos la sociedad (como cree equivocadamente el voluntarismo). Pero esas estructuras que nos preceden sólo se reproducen o transforman en nuestra actividad cotidiana. La sociedad no existe independientemente de los actos humanos (como implicaría erroneamente la reificación). El mundo social es reproducido y transformado en la vida de todos los días.

Todas las estructuras sociales –por ejemplo, la economía, el Estado, la familia, el lenguaje- dependen de o presuponen relaciones sociales –que pueden incluir relaciones sociales entre capital y trabajo, cargos políticos y funcionarios, padres e hijos. Las relaciones que establen los individuos les predecen, y su actividad las transforma o reproduce; ellos mismos son, por lo tanto, estructuras. El realismo dirige su atención a estas estructuras de las relaciones sociales –tanto como claves explicativas para comprender los acontecimientos y tendencias sociales como focos de actividad social orientados a la auto-emancipación de los explotados y oprimidos.

En esta concepción transformacional y relacional, la sociedad es el resultado trabajado de agentes activos. Pero el mundo social puede ser opaco para los agentes sociales de cuya actividad depende, en cuatro aspectos, en la medida en que estas actividades pueden depender de o implicar: (a) condiciones desconocidas; (b) consecuencias inintencionadas; (c) el uso de conocimientos tácitos; y/o (d) motivaciones inconscientes. Por lo tanto, la tarea de las ciencias sociales es describir los procesos sociales necesarios (por ejemplo, la compra y venta de la fuerza de trabajo, la extracción de plusvalía) para que puedan producirse otros fenómenos manifiestos (como la caída del mercado bursátil).

La sociedad es el conjunto de las prácticas existentes y redes de interrelaciones que los individuos nunca crean, pero que siempre presuponen en su actividad práctica y que, al hacerlo así, siempre reproducen o transforman.

Desde este punto de vista, aunque las estructuras sociales son dependiente de la consciencia que tengan los sujetos que las reproducen y transforman, no son reductibles a su conciencia. Las prácticas sociales son concepto-dependientes. Pero, contrariamente a la tradición hermeneútica en las ciencias sociales, no se agota en sus aspectos conceptuales. Siempre tienen una dimensión material. Esta consideración es importante, como demuestra la reflexión sobre la persistencia e impacto de los fenómenos del hambre, el desamparo y la guerra en gran parte de la historia humana. Para el realismo crítico, al ser el mundo social él mismo un producto social, esta esencialmente sujeto a la posibilidad de ser transformado. Es, por lo tanto, intrínsicamente dinámico e irreductiblemente geo-histórico, un proceso situado y distanciador. Comprender el mundo social como un proceso (espacial) no debe conducir a subrayar de manera exagerada fluctuaciones particulares (por ejemplo, algunas conclusiones más o menos apocalípticas de ciertos sectores de la izquierda con ocasión de la crisis bursatil de 1987, una crisis que los “nuevos realistas” de la derecha no pudieron ni preveer ni comprender).


4- Implicaciones para el proyecto socialista. Transformar la sociedad con una orientación socialista depende de que se conozcan estas estructuras subyacentes. El mundo no puede ser cambiado de una manera racional si no es interpretado de manera adecuada. Pero hay varios problemas.
Primero, dado que los sistemas sociales son intrínsicamente abiertos y no pueden ser cerrados de manera artificial, nuestro criterio para probar empíricamente las teorías sociales no puede ser predictivo y solamente puede ser explicativo. Esto significa, por ejemplo, que la teoría económica marxista no puede considerarse falsa porque una predicción, resultado de sus análisis, no se confirme. Igualmente, por lo que se refiere a su capacidad explicativa, sólo puede confirmarse o avalarse (y desarrollarse racionalmente) en la medida en que da sentido a un conjunto de datos históricos o contemporáneos. (Por supuesto, una teoría fuerte en su capacidad explicativa debe permitir hacer predicciones condicionadas a las tendencias que se manifiesten en el futuro). En concreto, creo que es vital concebir el marxismo como un programa de investigación, iniciado por Marx pero no concluido. De la misma manera que la revolución de pensamiento iniciada por Copérnico fue desarrollada por Galileo, Kepler y Newton, y que Einstein y la teoría cuántica han transformado radicalmente en el siglo XX.

Segundo, la teoría social y la realidad social son causalmente interdependientes. Ello no implica que las teorías sociales “construyan” la realidad social, sino que la teoría social está condicionada en la práctica por la sociedad y ella misma potencialmente puede tener consecuencias en la sociedad. De hecho, el realismo crítico sugiere que la teoría social no es neutral de dos maneras. Siempre consiste en una intervención práctica en la vida social y algunas veces (manteniéndose otros factores) lógicamente implica valores y acciones. En estas circunstancias, la distinción habitual entre hecho/valor y teoría/práctica se viene abajo. Así, si aceptamos la crítica de Marx de la economía política, que es también una crítica de la conciencia falsa o ilusoria que genera la sociedad capitalista, podemos –de hecho, debemos- hacer inmediatamente una evaluación negativa de esas estructuras y evaluar de manera positiva una acción racional dirigida a cambiarlas. (Ello no implica, por supuesto, que la manera engañosa en la que se manifiesta el capitalismo sea la única o principal razón para ser socialistas. La principal razón es el fracaso del capitalismo a la hora de satisfacer las necesidades y aspiraciones humanas. Se trata aquí, mas bien, de subrayar como la crítica de una teoría en el mundo social implica una explicación de las razones por las que se cree en ella y una crítica de las circunstancias en las que esta creencia aparece como pausible, es decir en las que una teoría es creíble).

Desde la perspectiva del realismo crítico, contrariamente a la tradición de la socialdemocracia contemporánea, la emancipación socialista depende de la transformación de estructuras, no de la mejora de ciertas situaciones. De hecho, en las circunstancias presentes y predecibles, la transformación de las estructuras puede ser una condición práctica necesaria para que ciertas situaciones sean más humanas. Pero esta transformación no implica viajar mágicamente a un mundo libre de determinaciones, como imaginaron tanto los socialistas “utópicos” como los auto-proclamados socialistas “científicos”. Por el contrario, consiste en ir o transitar desde determinaciones innecesarias, indeseables y opresivas a otras necesarias, queridas y enriquecedoras. Ello puede implicar, por ejemplo, el cambio desde una situación en la que la producción está determinada por la consecución del beneficio privado y sometida a fluctuaciones arbitrarias a una en la que esté sometida a la negociación democrática y la planificación. ¿Cuáles serán las causas y formas de determinación en el socialismo?. Los socialistas deben plantearse seriamente este tipo de preguntas. Construir, si se quiere, modelos de utopías concretas realizables si el socialismo ha de convertirse en el sentido común ilustrado de nuestra época.

Las estructuras que los agentes reproducen o transforman con su actividad son también estructuras de poder que pueden implicar alienación, dominación y opresión. Los oprimidos, al revés que los opresores, tienen un interés directo material en comprender las causas estructurales de su opresión. La relación entre conocimiento social o teoría y práctica social (más especificamente socialista) tomará la forma de una espiral emancipatoria en la que un conocimiento más profundo haga posible nuevas formas de práctica, que conduzcan a su vez a una mayor comprensión y a nuevas prácticas. (Sólo si comprendemos y realizamos la espiral emancipatoria que se produce históricamente, y la necesidad de transformación estructural, seremos capaces de resolver el viejo debate entre reformistas y revolucionarios).


Las teorías filosóficas pueden servir tanto para iluminar como para confundir las cosas. Dos burdas distinciones filosóficas, como son cuerpo y mente, de una parte,y causas y razones, de otra, han hecho un daño indecible. La estructura social, a su vez, esta imbuida en, condicionada por y afecta a la naturaleza, a la ecoesfera. Desde un punto de vista epistemológico, significa que las razones y formas sociales deben ser, por lo general, causas (y al mismo tiempo efectos). De igual manera, los socialistas deben liberarse de la oposición dicotómica que enfrenta a naturaleza y sociedad y que se proyecta en una visión prometeíca de nuestras relaciones con la naturaleza basada en la noción de unos recursos prácticamente infinitos y un crecimiento tecnológico continuo. Por el contrario, debemos ver las dimensiones natural y social de la existencia como una interacción causal dinámica permanente. No sólo hay muchos males y desastres “naturales” que son causados socialmente, sino que la producción social tiene unos límites y condiciones absolutos naturales. Los socialistas deben elaborar una visión del socialismo como una forma social orientada al bienestar de la humanidad, como una forma de vida social ecológicamente sostenible. Derivada de la dicotomía naturaleza-sociedad, aparece otra distinción igual de cruda entre las necesidades básicas, corporales o naturales, como comida o alojamiento, y las necesidades psicológicas o espirituales de orden superior,como respeto y auto-desarrollo de la persona. Estas necesidades no son objeto de un conjunto de prácticas separadas, sino que son intrínsecas a la forma en la que se satisfacen las llamadas necesidades básicas. La necesidad de alojamiento puede ser satisfecha de una manera deshumanizada o , por el contrario de forma que respete a los individuos, aumente su autoestima y les ofrezca oportunidades para su desarrollo. De nuevo, se necesita el desarrollo científico de una utopía concreta fruto del trabajo de economistas, arquitectos y científicos sociales socialistas.


5-Defendiendo el socialismo. Hay que subrayar que en esta concepción relacional no niego la existencia ni de los individuos ni de las colectividades. Lo que resalto es el papel que juegan las relaciones sociales a la hora de determinar el curso de la vida de los individuos o las posibilidades de acción colectiva.óPara defender el socialismo debemos tener una comprensión más rica de la individualidad, incluyendo las precondiciones relacionales del bienestar personal, que la que maneja la ortodoxia individualista con su visión reduccionista, isomorfica, como átomos asociales o maquinas deseantes. Sin embargo, al mismo tiempo necesitamos una noción diferenciada de lo colectivo que, a diferencia de las nociones socialdemócrata o stalinista de “los trabajadores” o “las masas”, sea capaz de tener en cuenta toda la complejidad de las relaciones internas al interior de los grupos o colectividades en cuestión.

Desde el punto de vista relacional, la individualidad de una persona esta constituida primariamente por sus particularidades sociales. En otras palabras, lo que son es sobre todo un producto de lo que han hecho o lo que se les ha hecho en las relaciones sociales particulares en las que nacen y viven. Lo que han hecho o se les ha hecho debe ser comprendido en términos de sus capacidades, potencialidades, habilidades y tendencias condicionadas histórica y socialmente.

La tarea de los socialistas es desarrollar y liberar nuestras capacidades reprimidas y subdesarrolladas y transformar y suprimir las tendencias represivas y opresivas que existen. Su misión es también luchar por las condiciones sociales y naturales (p.e. medio ambientales) para su desarrollo y transformación. Estas capacidades y tendencias, como ha defendido acertadamente la tradición marxista y socialista, son inherentemente sociales.

Para establecer una concepción relacional de lo colectivo, necesitamos comprender a las colectividades tanto en términos de sus relaciones con otras colectividades (en especial, aquellas con las que se define de manera comparada o opuesta o las definen a ellas), como de sus relaciones internas. Así al considerar el movimiento obrero en un país y momento determinado, debemos tener en cuenta no sólo la relación de ese movimiento obrero con su clase dominante, sino tambien el papel que juegan dentro del movimiento, por ejemplo, el racismo y el sexismo.

Al prestar atención a las relaciones internas de las colectividades no tenemos mas remedio que plantear el problema transcendental para la izquierda, surgido como reacción del fracaso histórico de la socialdemocracia y el estalinismo, de la forma y cualidad de nuestra democracia interna. Si la izquierda no es capaz de resolver este problema, y al hacerlo no es capaz de prefigurar en el presente algo que exige para el futuro, la izquierda siempre se encontrará a la defensiva sobre la democracia en cualquier debate sobre el socialismo. Surge así una cuestión más general. Marx dijo que la nueva civilización surge de las entrañas del presente. ¿Cómo alimentamos y hacemos crecer el socialismo aquí y ahora? Es una pregunta similar a la de cómo cambiamos el proceso social de un modo primariamente reproductivo a otro básicamente transformativo.


6-Individualismo y Colectivismo como ideologías. Después de lo dicho sobre los conceptos de individuo y colectividad y la necesidad de luchar contra el individualismo y el colectivismo, quiero ahora tratar el individualismo y el colectivismo como ideologías. El individualismo es una ideología casi en estado puro del mercado, al menos como la hemos conocido hasta ahora. Pero el colectivismo es un fenómeno ideológico más complejo. Por una parte, en su versión de derechas, es una ideología complementaria del mercado, que expresa la suma de las instituciones sociales, valores e intereses no-mercantiles necesarios para que funcione el mercado, desde la herencia de la propiedad privada hasta los llamamientos a defender el interés nacional. Por otra parte, en su versión de izquierdas, es una ideología de reacción al mercado, que proyecta el conjunto de instituciones sociales, valores e intereses que permiten a las víctimas del mercado sobrevivir. Los principales ejemplos de ambos tipos de ideologías colectivistas en nuestra época son, respectivamente, el nacionalismo y la socialdemocracia. Ambas son parasitarias (en el mejor de los casos simbióticas) del individualismo como una ideología pura del mercado. Quiero considerar ahora cómo el empirismo, en la forma de realismo empirista, genera una ideología del individuo que refuerza y reproduce la ideología que segrega espontáneamente el propio mercado.

Para el empirismo como ideología, el mundo es concebido como algo plano, uniforme, sin estructura e indiferenciado: está compuesto esencialmente de acontecimiento atomísticos o situaciones circunstanciales de asociación entre los elementos atómicos que tienen lugar en un sistema cerrado. Esos acontecimientos y sus constantes asociaciones son conocidos por individuos-átomos asociales que sienten pasivamente (o captan) estos hechos dados y registran su constante asociación. Los sistemas fetichizados y los hechos cosificados del empirismo necesitan e implican unos seres deshumanizados en unas relaciones desocializadas. Los hechos ocupan el lugar de las cosas, las asociaciones el de las leyes de causalidad y los autómatas el de las personas en la medida que la realidad se define en términos de la contingencia cósmica de la experiencia sensible humana (tal y como la concibe el empirismo).

¿Cuál es el significado de los hechos? Los hechos son reales, pero son realidades históricas específicas. Su mistificación deriva del hecho que –en nuestra forma espontánea de pensar y en el empirismo, que es la filosofía que la refleja- las propiedades de los hechos como objetos sociales se transforman en cualidades innatas en tanto que cosas naturales. El fetichismo, al naturalizar los hechos, los confunde todos y desestratifica el contexto social en el que se han generado y que los sostiene, así como el modo en el que han sido producidos, reproducidos y transformados en el tiempo, eternalizándolos y deshistorializándolos ipso facto. Los hechos se convierten así en una ideología de lo que Kuhn llamó “ciencia normal”, velando para científicos y legos a la vez las estructuras históricas específicas y las relaciones que generan experiencias sensibles en las ciencias. Es una mistificación objetivista, en parte paralela a la fetichización de la mercancía, generada por la misma naturaleza de las actividades en las que estamos envueltos. Pero una mistificación de la que debemos distanciarnos si queremos ser capaces de pensar la posibilidad de una crítica de la forma en la que el mundo social se nos presenta espontáneamente.

Si dejamos de lado los hechos y nos fijamos ahora en las asociaciones, la mistificación no es objetiva en este caso, sino que es simplemente falsa, lo que llamamos una ilusión. Si queremos buscar una analogía marxista, no nos sirve la fetichización de la mercancía sino el salario. Igual que el salario, según Marx, no es lo que parece –no es el valor del trabajo, sino de la fuerza de trabajo-, las leyes de causalidad no son una asociación continua de hechos, que generados en condiciones de laboratorio, artificiales y controladas ocupan la totalidad empírica de la realidad, sino tendencias de mecanismos ontológicamente irreductibles a ellas. Podemos llevar más lejos la analogía. Porque igual que, de acuerdo con Marx, el principal error de la economía política consiste en confundir los poderes y su ejercicio, el principal error de la filosofía es la confusión de los poderes o tendencias y su realización. Para Marx, la función social del salario es ocultar la realidad de la explotación, el trabajo no remunerado, la fuente de la plusvalía. ¿Cúal es el significado social, el papel, de la asociación permanente de hechos? Ocultar la realidad de las estructuras que son irreductibles a los hechos, y más particularmente de las estructuras sociales de las acciones humanas, es decir, la relación que existe entre sociedad e individuo. De esta manera mina la posibilidad misma de las ciencias sociales y de cualquier camino hacia la emancipación humana.

El reduccionismo ontológico tiene unas consecuencias especialmente dañinas cuando se lleva al terreno de lo humano. En perfecta consonancia con el concepto empirista de ciencia como una respuesta conductista a los estimulos de unos hechos dados, se concibe la sociedad como un conjunto de individuos, motivados por unos deseos dados y asociados mediante contratos, en el mejos de los casos. La razón queda reducida a la habilidad de ejecutar de manera óptima o satisfactoria un cálculo y la libertad consiste en su ejercicio sin impedimentos. La asociación permanente de hechos, que es la base del nuevo realismo –que es tan sólo el viejo realismo empirista superficial- es, como dijo Marx del salario, “tan irracional como un logaritmo amarillo”. Concebida como una asociación permanente de hechos, la Historia queda congelada en su eterno presente. Historia es lo que ha ocurrido ya o tiene lugar en otra parte, pero no aquí y ahora. Pero también podemos decir de la ilusión que es la asociación permanente de hechos lo mismo que Marx dijo del salario: “Si la historia tardó mucho tiempo en llegar a descubrir su propio misterio...nada es más facil, por otro lado, que comprender el por qué y la necesidad de este fenómeno”. Es la ideología del mercado, del orden establecido de las cosas, del “no hay alternativa”. Pero no podemos responder al “no hay alternativa” simplemente con una autoafimación satisfecha de “nuestro gran movimiento”. Necesitamos un trabajo intelectual serio, profundo, ayudados por el realismo crítico, volcado en la práctica política (orientada a la transformación de las relaciones sociales) para hacer del socialismo la razón de nuestra época.


Traducción: G. Buster

La Nueva Derecha

La revista Archipiélago dedicó su último número a la llamada "Nueva Derecha". En su página web puede encontrarse este interesante y sintético análisis del fenómeno a cargo de Emmanuel Rodríguez e Hibai Arbide.


¿Nueva Derecha? O la reinvención del populismo frente al vacío de la izquierda

Emmanuel Rodríguez e Hibai Arbide

Nuestra historia podría empezar quizá con una narración casi epopéyica sobre un vasto movimiento de tierras que amenaza con remover la historia. La emergencia de un nuevo movimiento político del que apenas podemos describir la fórmula: una combinación de innovación y conservadurismo, de agresividad rupturista y apelación a valores de rancio olor caduco. Este movimiento, que aspira a constituirse en un polo hegemónico de la política de nuestro tiempo, puede ser nombrado por convención —y sólo por esto— como Nueva Derecha (a partir de ahora, ND), designando así un conglomerado histórico que inaugurara quizá el reaganismo en Estados Unidos y el thatcherismo en Europa, pero que sin duda tiene prolongaciones tan diversas y complejas como las que corresponden a los movimientos sísmicos que mueven las placas tectónicas.

El argumento —tan previsible como eficaz— que normalmente se vierte para explicar el irresistible ascenso de la derecha renovada es que su poder se debe menos a la instauración de una máquina demoledora de toda resistencia que, en primera instancia, a su capacidad para generar adhesiones y producir medios de subjetivación que hacen de la ND algo “más popular” que la izquierda. Por eso es mucho más conveniente hablar del ascenso de una nueva hegemonía, en términos de Gramsci (constelación de poderes y de ideas capaz de presentarse como interés general), e intentar comprender la química de este nuevo bloque de alianzas, que reutilizar los viejos clichés izquierdistas sobre la estulticia del pueblo, la alienación generalizada o un subrepticio fascismo de masas. La voluntad hegemónica se manifiesta fundamentalmente en relación y en contra de las derechas clásicas , por medio del desmarque de la extrema derecha de corte netamente fascista y de la democracia cristiana, a quienes acusa de ser, respectivamente, extremista o pusilánime.

Tres rasgos salientes son inmediatamente reconocibles en la ND:

1. En el orden de los discursos y en la tonalidad de las prácticas, la marcada agresividad de la ND. Una ofensiva que hace de la derecha moderada, democristiana, comprometida con el estado social de la década de 1960, un pálido fantasma de otro tiempo, que ciertamente todavía circula como el viejo papel moneda, pero que tiende a desaparecer en el mercado del mainstream . Contra ésta y sus representantes (por ejemplo en España, las líneas políticas de Gallardón, Arenas o Piqué han sido minorizadas tras el ascenso de los neoconservadores Acebes, Zaplana, Aguirre, etc.), la ND, en sus discursos y en sus propuestas, no sólo trata de quebrar el viejo juego de reglas políticas, sino que adopta sin ambages la imagen invertida de la revolución permanente. Escenifica una pieza teatral en la que su papel es el de la vieja fuerza ordenadora en un mundo inestable y amenazado, sometido a terrorismos de enorme ubicuidad y a fuerzas morales perversas (la reintroducción de categorías morales en política es quizá una de las principales innovaciones de las nuevas ideologías conservadoras). El diagnóstico de la ND sólo puede recetar así una permanente contrarrevolución que trate de restaurar un orden dañado y corrompido (el que se deduce de las crisis derivadas de la reestructuración capitalista de las últimas décadas), que naturalmente exige medidas tan drásticas como la guerra (contra el terrorismo, desde luego, pero también contra la delincuencia, la droga o cualquier elemento susceptible de convertirse en “enemigo interno”) y la autodefensa preventiva (que supone la ruptura de los viejos ordenes jurídicos garantistas y el advenimiento de la policía y las medidas de excepción como norma de gobierno). Contra el pensamiento postmoderno, la ND escenifica una puesta en escena de valores sustantivos, fuertemente morales, en sociedades erosionadas en parte (y ésta es la paradoja) por la propia política desarrollada bajo sus criterios (el neoliberalismo). La ND genera así un curioso círculo virtuoso de autolegitimación.

2. En el orden de las percepciones subjetivas (sobre las que se construyen los proyectos de hegemonía), la ND parece representar mejor los problemas de amplios sectores sociales que una izquierda cada vez más autocomplaciente. De hecho, el proyecto neoconservador se construye a partir de la fragilidad y derrota de los movimientos sociales, tanto los tradicionales ligados a la clase obrera como los nuevos protagonizados por minorías, ecologistas, feministas y el amplio elenco de comunidades y formas de vida emergentes de la vasta experimentación del 68 y la contracultura. La izquierda institucional que siguió a esta derrota (muchas veces orquestada con su absoluta complicidad), y que en muchos casos se hizo con el gobierno durante los años 80 y 90, ha utilizado la herencia del 68 como simple recurso ideológico de su propia legitimación. Numerosos comentaristas y ensayistas repiten que las llamadas élites liberales viven en realidades paralelas, que sus discursos y sus prácticas atraviesan sólo de forma tangencial las preocupaciones y los intereses corrientes y, en general, que este cuerpo social minoritario se ha blindado en un estatuto privilegiado. Una lectura que parece congruente con los análisis que señalan el extremado corporativismo de las burocracias sindicales, la esclerotización del viejo sistema de partidos y la escasa permeabilidad de los medios de comunicación y de sus élites culturales a la emergencia de nuevos fenómenos sociales y políticos. En este contexto, la ND se puede presentar, como antes lo hiciera la izquierda, como adalid del hombre común, de sus expectativas y sobre todo de sus miedos, en un espacio (el viejo espacio de las clases medias y el Estado asistencial) que efectivamente se está desmoronando. Esto es lo que le otorga su carácter populista.

3. La ND opera en el contexto de la innovación comunicativa, de la revolución mediática y de la emergencia de nuevas formas de expresión. Su principal audacia consiste en haber entendido esa nueva realidad como oportunidad política, reinventando la publicística como arma de propaganda. De nuevo, la ND aprovecha el contexto de crisis que dejó por un tiempo en la cuneta al proyecto conservador, esto es, la crisis de los sistemas de representación política tradicionales. En cierta medida, en un mundo altamente fragmentado y en el que los viejos grupos sociales y las instituciones que constituían la esfera pública han naufragado definitivamente, el universo mediático se apunta como la única esfera pública tangible, más aún que los sistemas de representación tradicionales: no en vano, en las manifestaciones convocadas por la ND en España no se jalea tanto al pp como a la cope . La ND (aún en la era Internet y en la pluralidad de voces que se reconocen en ella) explota este universo como medio de comunicación directo con una sociedad que en buena medida carece de espacios autónomos de expresión. Y sobre esta ausencia descubren la comunicación como arte de la performance (en una línea evolutiva de la vieja propaganda) y la retórica como herramienta de construcción de realidad.

Este modelo (radicalidad y moralismo, populismo y nueva inteligencia comunicativa) parece encajar bien en el caso de los neocons estadounidenses o del gobierno Berlusconi, paradigma del uso provechoso de los medios como herramienta de hegemonía política más allá de las mediaciones institucionales y de los mecanismos de representación. Pero, ¿es un modelo de explicación aplicable a algunas de las realidades políticas españolas? O, en otras palabras, ¿existe un campo de innovación de la derecha más allá de la imagen tradicional conservadora, españolista, católica, sociológicamente franquista, de la derecha española?

La respuesta, por paradójica que parezca, es que esta ND, como una específica versión del “vodevil hispano”, existe acá; y que la agresividad de la política de la última legislatura del gobierno Aznar, y sobre todo de los consensos (hasta los atentados del 11-M) que supo generar, ya muy alejados del centrismo de su primera legislatura, en cierto modo es inexplicable sin la incorporación de algunos de los elementos señalados antes.

Sin embargo, la punta de lanza de esta ofensiva se encuentra en la propia esfera comunicativa y no inmediatamente en el medio político convencional: en la emergencia de un conglomerado de medios de comunicación de gran audiencia, promovido por un grupo de periodistas y ensayistas. Este conjunto de periodistas y opinadores profesionales se sitúan a la vanguardia neoconservadora, por delante del pp . De hecho, en ocasiones es el partido quien es utilizado por la ND mediática (invirtiendo el paradigma de la manipulación informativa que la izquierda suele denunciar), aunque habitualmente se puede reconocer una relación simbiótica entre la derecha mediática y su representación partidista. El sector más reconocible, la versión hispana más agresiva si se quiere de la ND, podría englobar a un buen número de sectores del periódico El Mundo , pero desde luego las experiencias más originales e interesantes deberían encontrarse en Libertad Digital, en Radio Intereconomía, en los programas de La cope y en firmas como Pío Moa, Jiménez Losantos, Gabriel Albiac, César Vidal, Alberto Recarte, etc.

Una evidencia, que sólo en apariencia es sorprendente y señala por sí sola la novedad de la ND, aunque sólo sea en términos sociológicos, es que la mayor parte de sus protagonistas declaran un manifiesto origen izquierdista. Son antiguos tripulantes de las experiencias políticas más extremas de la década de los 70: en este pull amplio de nombres, se reconocen muchos ex maoístas de línea dura, ex leninistas que en los viejos tiempos ejercían un purismo insufrible y libertarios con antiguas posiciones provocadoras, además de un largo etcétera de otras apuestas radicales que llevaron a muchos a justificar el aventurismo armado o incluso a emprender en primera persona algunas de aquellas empresas, hoy tan decididamente “terroristas”.

Uno de los legados vivos de esta herencia es que su estilo de comunicación no es ajeno a algunas tradiciones izquierdistas. Aunque con una retórica exactamente opuesta a la de sus años de juventud, beben de la tradición publicística de la extrema izquierda. En oposición al formalismo informativo de los medios serios, de la distinción entre opinión e información, reinventan el lenguaje periodístico, apuestan sin vergüenza por una comunicación que calcula sus efectos en términos políticos, que decidida y descaradamente quiere producir realidad. A propósito de cada punto central de la agenda del país, despliegan una estrategia comunicativa que busca menos la “verdad”, con toda la parcialidad de la palabra, que aprovechar cualquier oportunidad de manera instrumental y populista para ampliar su influencia y generar una corriente de opinión favorable.

No practican un periodismo de información, y mucho menos de investigación, en el que la interpretación se funda a veces en una ardua acumulación de pruebas y datos. Tampoco buscan un escenario, por aparente que sea, de neutralidad del juicio, contraponiendo posiciones y argumentos. Su voz es declaradamente parcial, la acusación y la denuncia se utilizan como un arma que, a falta de pruebas, trata de producir sospecha sobre los discursos del enemigo. Retórica y simplificación son rasgos clave.

El uso de la soflama, del sarcasmo, la hipérbole permanente respecto a las amenazas, la exaltación en la expresión, la indignación moral, se vuelven moneda corriente en un esquema argumental a veces extremadamente sencillo y pobre, uno de los elementos esenciales de su éxito. Esta actividad comunicativa se comprende mejor en relación con algunos acontecimientos concretos. Por ejemplo, el 11-M, reinterpretado como una suerte de golpe de Estado, es un campo de juego perfecto, en el que se recurre a toda clase de connivencias imposibles y de interpretaciones conspiranoicas. La derecha populista es capaz de afirmar, indistintamente, que la autoría está relacionada con eta , con la masonería de influencia francesa, con los servicios secretos de Marruecos, con los mandos de la policía y la Guardia Civil, con redes del narcotráfico a pequeña escala... ¡e incluso con la conjunción diabólica de todos ellos! “Buscar la verdad” es el lema, pero lo único realmente importante es desgastar la imagen del psoe y sugerir que éste llegó al poder de manera ilegítima.

El origen izquierdista de los actores principales de la ND y su actual trayectoria reflejan el tránsito de toda una generación inmersa en los procesos de lucha y politización durante los años 70, que se impregna sucesivamente de la atmósfera de “desencanto” durante los años 80 y más tarde del resentimiento producido por los largos años de gobierno aplastante del psoe . La destrucción caníbal de la extrema izquierda tras las elecciones del 79, la extrema torpeza del pce y la fragilidad del desarrollo de iu y, sobre todo, la prepotencia del “socialismo en el gobierno” dieron al traste con la posibilidad de cualquier continuidad política de la experiencia de los años 70.

La propia composición del “bloque hegemónico” durante el gobierno socialista confirma en términos de prestigio y posición económica el vacío político de una parte de la generación que lucha en los 70. En efecto, la expansión de los cargos públicos en el Estado de las autonomías, la consolidación de una élite cultural (esencialmente, en torno a la industria cultural, la expansión de los mass media y la creación de la red de instituciones culturales públicas) y la promoción de pequeños y medianos empresarios a la categoría de proveedores y clientes del Estado (especialmente en la construcción y en el sector financiero) dejaron a un sector no despreciable de ambiciosos “escaladores sociales” y de “intelectuales con pretensiones” en la cuneta de aquellos años “dorados”. Un sector de gente que, por juventud, falta de agilidad a la hora de aprovechar el ascenso institucional del psoe u honestidad, con carreras vocacionales de escaso rendimiento, en términos de capital simbólico o económico, se quedaron “sin premio” y al margen del clima de optimismo, muchas veces chabacano, de lo que se conoció como los años del “pelotazo”. En ese sector de gente se encuentran muchos de los adalides de la ND y buena parte de su público.

En otras palabras, y aquí se encuentra la clave de la ampliación de su público o de su éxito social, las retóricas de la cope , Albiac o Intereconomía explotan un determinado “régimen de las pasiones” caracterizado por el resentimiento hacia los “ganadores” de los años 80: por esa razón, el disparo apunta siempre a los lugares comunes del “progresismo” como herencia ideológica de la instauración democrática. Una tarea ciertamente sencilla y que presenta grandes probabilidades de éxito social, porque simplemente desvela la propia mezquindad de la constitución genética de la democracia española.

Igualmente, el ataque al lenguaje “políticamente correcto” defendido por la izquierda se convierte en una tarea de desenmascaramiento del cinismo que esconde. Por el contrario, el uso directo de argumentos homófobos, clasistas o racistas “deja de ocultar la realidad”, “llama a las cosas por su nombre” y expresa lisa y llanamente “lo que muchos piensan y no se atreven a decir”. La superioridad mediática de la ND frente a la cultura “progre” se basa en la sustancia de sus enunciados, por perversos que sean, frente a la retórica vacía y la carcasa liberal de las “clases medias progresistas”, que no alcanzan ni de lejos a hablar al corazón de los efectos sociales de la gran transformación capitalista de las últimas décadas (precarización generalizada de la vida, etc.).

En el terreno de los valores, se repite incansablemente la “fórmula mágica” de que la raíz de todos los problemas sociales se encuentra en los valores permisivos y libertarios de la época licenciosa del 68: en materia educativa, la falta de disciplina y la acomodaticia pasividad social generan la crisis de la escuela; en lo relativo a la familia, la ausencia de valores fuertes, como el compromiso, multiplican los casos de hogares destrozados o “aberraciones” como el matrimonio gay , etc.

Pero es en la lucha contra los nacionalismos menores o “periféricos” donde la ND adquiere una mayor eficacia. Sin disimular un españolismo acérrimo, la crítica se dirige a negar la legitimidad de una situación política dominada por cierto foralismo de nuevo cuño. Implacables contra el etnicismo y las situaciones de privilegio económico y fiscal de las “naciones históricas” frente al resto del país, desvelan toda una trama de clientelas políticas y económicas y la rancia atmósfera cultural promovida por los gobiernos autonómicos. La ampliación de las clientelas políticas, culturales y económicas en torno a las comunidades autónomas fue uno de los pilares constitutivos del “bloque hegemónico” tras la transición española. Paradójicamente, la ND se presenta así como adalid de la España constitucional, rememorando incluso los viejos ideales republicanos de la igualdad ante la ley y de la igualdad de oportunidades de las personas y de las regiones, sin que tristemente nadie parezca oponerles argumentos más fuertes en términos de democracia y de construcción de singularidades lingüísticas y sociales que no se clausuren en realidades exclusivamente identitarias.

La audacia informativa de la ND no se especializa únicamente en los ataques a la izquierda “oficial”. Quizá una de sus mayores provocaciones consista en reformular la posición de la derecha en la historia del país, reivindicando para sí una tradición democrática y liberal que “sólo se vio truncada por la fuerza de la necesidad y el irresuelto golpismo e insurreccionalismo de la izquierda” (que hoy se expresa en los “separatismos”, las “complicidades con el terrorismo”, la legitimación neoestalinista de Castro, Corea del Norte, Sadam, Chávez o Evo Morales —todos juntos, por supuesto, en el mismo paquete). De igual modo, este revisionismo histórico encuentra un campo de expansión inusitado, que aprovecha la propia debilidad de las interpretaciones al uso de las dos grandes bisagras del siglo: la Guerra Civil y la Transición a la democracia. La guerra y la imposición de la dictadura se presentan desde la ND como una respuesta necesaria al golpe “izquierdista” de la revolución del 34 y a la inestabilidad social y política impuesta por las organizaciones de izquierda. Básicamente, atacan la visión liberal republicana o la interpretación historiográfica animada durante la década de 1970 por el izquierdismo más oficial (próximo igualmente al pce o al psoe ), que considera el levantamiento como un golpe de estado contra un régimen legítimamente constituido, pero que ignora igualmente la riesgosa e imprudente política de los gobiernos republicanos (una república de “orden”, que pronto consiguió la oposición de los movimientos libertarios pero que a un tiempo abrió todos los frentes sociales: el laicismo, la reforma del ejercito, ciertas medidas antioligárquicas, etc.), el doble juego retórico del psoe y la ugt (a caballo entre el apoyo a Primo de Rivera y el radicalismo revolucionario, siempre más retórico que real) y, en general, la estrecha identificación de su base social en las clases medias urbanas.

Respecto a la Transición, la ND defiende una línea de continuidad con el franquismo más liberal y “aperturista”, una evolución “natural” del fin del régimen. En cierta medida, se podría decir que el revisionismo histórico de la ND, ciertamente de escasísimo calado científico, pero de enorme éxito social (las pequeñas novelas de Pío Moa y César Vidal se venden por decenas de miles), se construye sobre una base histórica común a cierta izquierda: el olvido, compartido con las versiones “al uso” de la izquierda oficial, de la capacidad constituyente y democrática de los movimientos sociales, banalizados como “antifranquismo universitario” y relegados a un segundo plano ante el savoir faire de las élites políticas conscientes de la oportunidad de negociar. Algo que evidencia, por inconsciente que sea esta omisión, una voluntad de eludir un problema de fondo de la Transición y la democracia: el establecimiento del sistema de partidos pasaba inevitablemente por desactivar los procesos de autonomía y autoorganización que abrieron brechas en el régimen franquista y socializaron una cultura democrática en el sentido más lato del término.

Respecto a si existe un verdadero think tank de la ND española, se puede decir que no se ha traspasado todavía el nivel de la propaganda y la retórica, y que quizá éste no sea uno de sus objetivos. En el terreno teórico no se propone nada innovador: por ejemplo, un marco de reformas políticas que pudiese impulsar inesperadamente un nuevo imaginario político, un proceso de subjetivación inédito como el que en su tiempo representaron el fascismo o las corrientes de la derecha republicana del siglo xix . Desde luego, la ND española carece de la audacia de los neocons americanos, con su proyecto de reordenación imperial del planeta. De hecho, sus afirmaciones programáticas defienden filiaciones que sólo de forma muy superficial se pueden considerar modernas. El liberalismo de todos (en un sentido que entronca con la tradición liberal doctrinaria española) y el catolicismo de alguno parecen ser elementos que quieren destacar una filiación genética con una tradición política liberal, formalmente democrática, que históricamente tiene expresiones puramente defensivas del statu quo (los largos años de la Restauración monárquica que siguieron a la I República). En este sentido, la reinvención de la tradición liberal que propugnan (véanse el “catolicismo liberal” de Losantos, la declaración de principios de la faes [1]) se debe ver menos en términos sustantivos o programáticos que como recurso defensivo de lo que ha representado ese liberalismo doctrinario o moderado en la historia del país: la defensa del statu quo social, el conservadurismo político y el reforzamiento del propio bloque hegemónico. Su mejor arma, como hemos explicado, es el populismo: el juego permanente y sistemático de detección y desmantelamiento de los “agujeros” del discurso izquierdista.

Sin demasiada vocación de videntes acerca del futuro de estas formas de expresión populistas, podríamos decir que es más que probable que este discurso haya tocado techo, que su “activismo” no consiga fomentar/redirigir el resentimiento de masas, e incluso que este experimento, que no deja de ser patéticamente primitivo (recursos a un casticismo y un españolismo inveterados, retóricas demasiado retorcidas y conspiranoicas, un sarcasmo fácil y poco inteligente), se agote en sí mismo como resultado de la pérdida de su “efecto de novedad”. Incluso puede ocurrir también que, en su afán por escorar lo más a la derecha posible la representación institucional de la derecha, la ND deje de ser funcional a su polo político, el Partido Popular, y éste se vea en la necesidad de construir una imagen de mayor seriedad y más centrista para gobernar. Pero más allá de su improbable éxito, lo que sin duda evidencia es el enorme vacío de la izquierda, el colapso de la imaginación política en la construcción de alternativa y oposición (incluso a nivel exclusivamente discursivo) y la irremediable crisis social de las instituciones de representación. En definitiva, se podría decir que la ND ha impreso en un negativo el campo político posible para la construcción de una nueva autonomía social .

* Emmanuel Rodríguez es autor de El gobierno imposible. Trabajo y fronteras en las metrópolis de la abundancia (Madrid, Traficantes de Sueños, 2003). En Archipiélago puede leerse: “La rehabilitación de la política” (nº 41), “La flexibilidad laboral: aparato ideológico y dispositivo disciplinario” (nº 48), entrevista a Richard Sennett realizada junto con Zyab Ibáñez, “Límite y tragedia. La libertad en Castoriadis (nº 54), “España: zero tollerance ” (nº 55) y “Ecología de la metrópolis. Algunas notas para un programa de investigación” (nº 62).

© Emmanuel Rodríguez e Hibai Arbide, 2006. Este artículo ha sido publicado bajo una licencia Creative Commons. Reconocimiento-No comercial-Sin obra derivada 2.5 . Se permite copiar, distribuir y comunicar públicamente el texto por cualquier medio, siempre que sea de forma literal, citando la fuente y sin fines comerciales.

NOTAS

1. “ Al servicio de España y de sus ciudadanos, faes busca fortalecer los valores de la libertad, la democracia y el humanismo occidental. El propósito es crear, promover y difundir ideas basadas en la libertad política, intelectual y económica.”

Ha muerto Arthur Lee



(Menudo verano...sigo pensando en lo de las necrológicas)

Para consolarnos, vamos a escuchar Old Man.

Isaac Rosa: Empacho de memoria

Un artículo de Isaac Rosa en El País de hace unos días. Por cierto, El vano ayer es una novela magnífica.

Empacho de memoria

EL PAÍS - Opinión - 06-07-2006

Sólo llevamos seis meses del oficialmente llamado "Año de la Memoria Histórica", y algunos empezamos ya a estar un poco empachados. No es que estemos saturados de memoria, nada de eso. Pero sí empalagados por todo tipo de sucedáneos que, como golosinas, engordan pero no alimentan, engañan al hambre y hasta saben bien, pero no son muy recomendables desde el punto de vista nutricional. Trasladado el paralelismo alimenticio al debate sobre la memoria, uno tiene a veces la sensación de que, entre bocado y bocado, le cuelan cucharadas de sucedáneo dulcísimo que poco tiene que ver con la recuperación de la memoria, y sí con otro tipo de intereses. Me explico.

En los últimos años, desde finales de los noventa, se ha producido un fuerte resurgir del interés por el pasado, el llamado movimiento de recuperación de la memoria histórica, que se diferencia de anteriores intentos de alumbrar el pasado. Sustentado sobre un decisivo cambio generacional (la llegada a la madurez de quienes no vivimos el franquismo ni hicimos la transición), se trata de un fenómeno ciudadano, asociativo e intelectual que plantea una recuperación mucho más sólida y posible que la que se planteó en los primeros años de democracia. Además de homenajes, este movimiento pide rehabilitación, indemnizaciones, anulación de juicios. Además de poner nombre a las víctimas, señala a los verdugos. Además de exigir memoria, demanda justicia. Y se niega a dar por cerrado el pasado reciente, a considerarlo histórico e irrecuperable, impugnando el discurso construido en torno al mismo, optando por reivindicar la experiencia republicana y cuestionar la hasta ahora sacralizada transición española.

Ante tales planteamientos, amenazantes para quienes durante años se han sentido cómodos con una memoria floja, inofensiva, con aspecto de expediente resuelto y liquidado, han surgido varias formas de respuesta que son las que amenazan con hacer zozobrar este barco, bien sea por exceso de carga, bien por falta de rumbo.

Una de esas respuestas, la más evidente, es el creciente revisionismo histórico por parte de un sector de la derecha política y mediática, que se ha dedicado a jalear a unos cuantos sedicentes historiadores que se limitan a actualizar el viejo discurso franquista y pasarlo por las más eficaces herramientas de la comunicación de masas. Ante su incapacidad para acallar la demanda cada vez mayor de quienes quieren conocer el pasado, el revisionismo apuesta por la confusión y el relativismo, pero más aún por la tensión, por crear una apariencia de enfrentamiento social (de oposición irreconciliable entre dos memorias contrapuestas) que aconsejaría a los prudentes "no remover el pasado". Ello en un año en que, por la concurrencia de acontecimientos políticos (reformas estatutarias, negociación con ETA), la derecha más crispadora se mueve en terreno favorable.

Una segunda respuesta al resurgir de la memoria vendría desde el lado institucional. Al movimiento social se han unido muchos memoriosos de última hora, que nunca han estado muy interesados por mirar al pasado ni por cuestionar el discurso construido en torno al mismo, y que ahora sin embargo se suben al tren y se colocan la gorra de revisor y hasta el traje de maquinista. Es apreciable un cierto intento por controlar ese rebrote de la memoria, por poner diques, limitar el alcance de esa mirada crítica al pasado.

Los mismos que durante años hemos reclamado una mayor implicación institucional, desde políticas públicas de la memoria, nos asustamos ahora ante su progresiva institucionalización. El cambio de gobierno tras las últimas elecciones generales levantó expectativas pero también suspicacias. La creación de la Comisión Interministerial encargada de estudiar el asunto y dar forma a la prometida Ley de Memoria Histórica lleva meses atascada, provocando la desconfianza del movimiento asociativo, que ve en la dilación un síntoma de desgana y de pretender controlar, o cuando menos congelar, ese cuestionamiento del ayer antes de que se vaya de las manos.

Ha habido numerosas iniciativas públicas en el último año,desde ayuntamientos, comunidades autónomas y administración central, relativas a la recuperación de la memoria histórica. En muchos casos se trata de actuaciones valientes y valiosas, insólitas hasta ahora. En otros, sin embargo, sólo se crea una ilusión de memoria un tanto engañosa. Se apuesta en estos casos, con presupuesto público y mediante la creación de nuevos organismos, por formas limitadas de memoria, inofensivas, mientras siguen pendientes asuntos esenciales, aquellos elementos más controvertidos, más molestos, más incompatibles con el discurso hasta ahora sostenido del pasado.

Hay todavía una tercera respuesta que contribuye a ese empacho del que hablaba al principio, la que dan los verdaderos fabricantes de golosinas. Se trata de la respuesta "comercial" que se da al movimiento de recuperación de la memoria. Desde la industria cultural se ha detectado que, en efecto, existe un interés amplio entre los ciudadanos por todo lo que tiene que ver con la historia reciente de España, con la llamada recuperación de la memoria histórica. Eso, unido a la coincidencia de aniversarios (30 años de la muerte de Franco, 70 del inicio de la Guerra Civil, 75 de la proclamación de la Segunda República) y al impulso institucional (Año de la Memoria, programación televisiva, exposiciones y actos...), hace que algunos vean en toda esta inflación memoriosa un filón comercial.

Se trataría, en resumen, de convertir ese interés ciudadano, esa demanda de conocimiento, esa exigencia de memoria, en un acto de consumo. De ahí la sobreproducción de títulos referidos a la Guerra Civil o al franquismo que llenan las librerías. Pareciera que las editoriales han corrido a vaciar sus almacenes, recuperando títulos olvidados en sus fondos, a la vez que apremian a sus autores a producir obras relacionadas con la memoria. Librerías con mostradores monotemáticos y quioscos desbordados de coleccionables dan prueba de ello. Por debajo de esta acumulación (que, sin duda, ha permitido recuperar títulos interesantes que estaban descatalogados, y que conviven con nuevas obras de indudable valor) se aprecia un claro oportunismo por parte de algunas editoriales y también de algunos autores empeñados en no quedar al margen de este filón de la memoria.

El lector interesado por el pasado, sensibilizado por esa recuperación de la memoria, puede acabar confundido ante la convivencia de títulos de desigual interés y calidad, así como aturdido por lo inabarcable de tanta producción. Dependiendo de lo que escoja para su alimentación, puede aprovecharle o puede sin más empacharle. Lo único cierto es que no se quedará con hambre.

Porque corremos el riesgo de que este año se tome a efectos de liquidación. Como si nos diesen todo un año de la memoria para, una vez pasado, olvidarnos para siempre. Pareciera que nos encontrásemos en un año decisivo, definitivo, en el que hacerlo todo de una vez porque no tendremos más oportunidades, no como ésta. Lo que queramos recuperar, reivindicar, denunciar u homenajear, hagámoslo ahora o nunca. Y de la misma forma, para otros, la sensación de que lo que no vendan este año ya no lo venderán después.

Nada de eso es cierto. Este movimiento de recuperación de la memoria histórica, por esa solidez de la que hablé al principio, no concluye en este año de la memoria. Pero sí puede ocurrir que algunos acaben el año con la barriga llena de pasteles y, pasada la fiesta, rechacen otro bocado agitando una mano y palmeándose la abultada tripa mientras disimulan un regüeldo ahíto y dicen: no más memoria, por favor.

Isaac Rosa es escritor. Su última novela es El vano ayer (Seix Barral).

Ha muerto Syd Barrett

(A este paso... estoy pensando seriamente abrir una nueva categoría de necrológicas).

La noticia en El País.





Muere Syd Barrett, fundador y cantante de Pink Floyd
El músico, a quien se atribuye haber acuñado el nombre del grupo, tenía 60 años
AGENCIAS - Londres
ELPAIS.es - Cultura - 11-07-2006


El cantante y compositor Syd Barrett, uno de los miembros fundadores del grupo británico de rock Pink Floyd, ha muerto en el Reino Unido a los 60 años, según ha informado hoy una portavoz de la banda. "Murió en paz hace un par de días", ha indicado la portavoz, quien ha añadido que "habrá un funeral privado para la familia".

Nacido en 1946 en Cambridge (sur de Inglaterra), a Roger Keith Syd Barrett se le atribuye haber acuñado el nombre del grupo en 1965, en homenaje a dos músicos de blues, Pink Anderson y Floyd Council.

Su rock, con cierta fusión de jazz, convirtió al grupo en el favorito de la corriente psicodélica londinense, y en 1967 su álbum The Piper at the Gates of Dawn -compuesto mayoritariamente por Barrett, quien también tocaba la guitarra-fue un éxito comercial clave.

Tras tocar tres años junto a Bob Klose, Roger Waters, Nick Mason y Rick Wright, dejó el grupo en 1968 -cinco años antes de que el grupo publicara su álbum más conocido, Dark side of the Moon- y tuvo que ser sustituido por David Gilmour.

Inestable psicológicamente

Barrett sufría diabetes desde hacía muchos años y era muy inestable psicológicamente, a lo que se añadía el consumo de LSD. Lanzó dos álbumes como solista -The Madcap Laughs y Barreto- pero poco después se retiró de la escena musical por completo.

Tras su corta carrera en solitario, Barrett pasó los últimos años de su vida recluido en su casa de Cambridge. Allí se le veía a menudo paseando en bicicleta o yendo a la tienda de la esquina.

Aunque la carrera musical de Barrett fue breve, sus canciones llenas de fragilidad y nostalgia inspiraron a muchos músicos, desde David Bowie hasta los otros miembros de Pink Floyd, que grabaron el álbum Wish You Were Here en homenaje a él.

El Viejo Topo estrena web

A través del último boletín electrónico de Mientras Tanto me he enterado de que El Viejo Topo acaba de estrenar web. Hay artículos para descargar en Pdf y tiene un diseño bastante bueno. Ya era hora de que una revista con tanta trayectoria (casi treinta años -aunque con un paréntesis en los años 80) contase con un espacio en la red.

Síntomas

Hoy, en El País. ¿Quién dijo que la literatura no puede ser socialmente peligrosa?
-------------------------------------------------------------------------------------



"Decir la verdad es un acto revolucionario"
La policía británica detiene a un individuo en Londres por manifestarse con una pancarta con una leyenda de George Orwell
EFE - Londres
ELPAIS.es - Internacional - 29-06-2006 - 12:08

Un británico ha sido detenido por la policía por exhibir en el centro de Londres una pancarta con una frase del escritor George Orwell, el autor de la novela contra los totalitarismos 1984. “En una época de universal engaño, decir la verdad constituye un acto revolucionario”, rezaba su mensaje. Además, los agentes le confiscaron varios ejemplares de la revista estadounidense Vanity Fair. El arrestado ha sido acusado de violar la nueva legislación sobre Crimen Grave y Organizado, según informa hoy el diario británico The Independent.

El periódico denuncia hoy en portada, con un gran aviso de peligro sobre fondo negro: “AVISO: si lee este diario puede ser arrestado en virtud de las leyes antiterroristas del Gobierno”. Luego añade que el británico detenido, Steven Jago, de 38 años, trató de manifestarse el mes pasado en Whitehall, la zona de Londres en la que se encuentran las sedes de los principales órganos gubernamentales.

Jago iba “armado” con ejemplares de la mencionada revista, que incluía un artículo titulado El legado del Gran Hermano que deja Blair. El Gran Hermano es la entidad que controla la vida de los protagonistas de la novela de Orwell. “La policía le dijo a Jago que el material en su poder tenía motivaciones políticas y demostraba su deseo de violar la ley”, señala el autor del artículo.

La nueva ley británica sobre el Crimen Grave y Organizad oestablece que nadie puede protestar en un kilómetro a la redonda de la llamada Plaza del Parlamento si no ha obtenido previamente permiso por escrito de la Policía Metropolitana. Si dentro de ese perímetro alguien pronuncia un discurso o lleva una pancarta con leyendas políticas, se considera que está violando la ley y se le detiene inmediatamente, como sucedió en ese caso.

Ha muerto Joaquín Jordá

(Gracias Reyego)

El sábado murió Joaquín Jordá, uno de los mejores directores de cine que ha dado este país.

De momento en los medios sólo ha aparecido esta nota de prensa.

Barcelona.(EFE).- El director de cine catalán Joaquím Jordá, considerado el padre del cine documental español, ha fallecido hoy en Barcelona a los 70 años a causa de un cáncer de hígado y páncreas.

La última intervención pública de Jordá se produjo el pasado día 8 de este mismo mes cuando presentó en rueda de prensa su biografía, escrita por Laia Manresa, y en la que afirmó que en el cine su único propósito había sido "no mirar allí donde no quería". En el libro, titulado «Joaquín Jordá. La mirada libre», el director de «Monos como Becky», señaló: "No sé lo que es una mirada libre, pero siempre he intentado no mirar allí donde no quería y lo he podido hacer".

La visión del cine de Jordá cambió, según explicó en esa comparecencia, cuando hace ocho años sufrió un infarto cerebral, una experiencia que le llevó a realizar la citada «Monos como Becky», que rodó casi en su totalidad en blanco y negro porque había perdido la visión de los colores.

Nacido el 9 de agosto de 1935 en Santa Coloma de Farners (Girona), Jordá fue ideólogo de la Escuela de Cine de Barcelona, profesor, traductor y guionista, y rodó catorce películas, entre ellas, «Numax» o «Dante no es únicamente severo».

En sus trabajos plantó cara a las más diversas problemáticas de la actualidad social, incluso en su debut con el corto «El día de los muertos» (1960), que fue considerado por la censura como una película nauseabunda. El cierre de una fábrica barcelonesa en «Numax», la pederastia en el Raval barcelonés en «De Nens» o los límites de la psiquiatría en «Monas como Becky», son tres ejemplos de su reivindicación constante.

El Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA) recuperó el pasado mes de abril, en un ciclo denominado «Cine de situación», toda la filmografía del realizador Joaquim Jordá y revivió los debates que suscitaron sus documentales durante una trayectoria de 46 años.

Caravan: Golf Girl

Seguimos con el progresivo de Canterbury. Aquí los Caravan, colegas de Wyatt, Ayers y los Soft Machine, y autores de, entre otras muchas, esta preciosa canción titulada "Golf Girl", perteneciente al álbum In the Land of Grey and Pink(1971, creo). Un discazo impresionante, por cierto.

El bajista y cantante, Richard Sinclair, ha tocado con todo el mundo en Canterbury, pasando por otro gran grupo, Hatfield and the North -del que igual ponemos algo otro día. Me parece que durante años dejó la música para montarse una carpinteria en Canterbury. Todo muy bucólico, como la canción. Genial la broma del morse al final.

In fact I ordered three

Golf Girl

Standing on a golf course
Dressed in P.V.C.
I chanced upon a Golf Girl
Selling cups of tea
She asked me did I want one
Asked me with a grin
For three pence you can buy one
Full right to the brim

So of course I had to have one
In fact I ordered three
So I could watch the Golf Girl
Could see she fancied me
And later on the golf course
After drinking tea
It started raining golf balls
And she protected me

Her name was Pat
And we sat under a tree
She kissed me
We go for walks
In fine weather
All together
On the golf course
We talk in morse

Robert Wyatt: I'm a believer

Segunda entrega del ciclo musical. Seguimos con miembros de Soft Machine. Hoy el gran Robert Wyatt, haciendo una famosa versión: "I'm a believer" de los Monkees.

El video es curioso -a pesar del playback-, por la cantidad de colaboradores que aparecen: a la batería Nick Mason, de Pink Floyd; guitarra acústica, Andy Summers, unos años después en Police; y a la guitarra eléctrica Fred Frith (Henry Cow, mogollón de proyectos marcianos).

I thought love was only true in fairy tales

Kevin Ayers: May I?

Estos días ando algo liado, así que no creo que pueda renovar mucho el blog. Lo que he pensado es que, aprovechando el You Tube, puedo ofreceros un pequeño ciclo musical con cosillas que me gustan.

Para hoy, "May I ?", una de las canciones más bonitas de Kevin Ayers, ex-miembro de Soft Machine que terminó haciendo carrera en solitario desde Ibiza -aquel paraíso hippie de los 70-, donde -creo- todavía reside.

En el video aparece con su banda, la Whole World Band. Curiosidad: a su izquierda tiene a un jovencísimo Mike Oldfield. Tocaba con él hasta que salió lo del Tubular Bells...y el resto ya sabemos como va: Tubular Bells 2, Tubular Bells Orquestal, Tubular Bells electrónico, Tubular Bells en la ducha...

Hala, a alegrarse el día...

May I?

I just came in off the street
Looking for somewhere to eat
I find a small cafe
I see a girl and then I say

'May I sit and stare at you for a while?
I'd like the company of your smile'

You don't have to say a thing
You're the song without the sing
The sunlight in your hair
You look so good just sitting there

'May I sit and stare at you for a while?
I'd like the company of your smile'

Palabras y hechos

Palabras

"El que no se sienta nacionalista ni quiera a lo suyo no tiene derecho a vivir"
"If you don’t feel proud of your own nation or of what is yours, you don’t deserve to live"
"Celui qui n’aime pas sa nation ou ce qui lui appartient n’a pas le droit de vivre"
"Wer sich nicht Nationalist fühlt und das eigene nicht liebt hat kein Lebensrecht"

Xabier Maqueda, senador del Partido Nacionalista Vasco, Palma de Mallorca, domingo 28 se mayo de 2006.


Hechos

Agreden al periodista Arcadi Espada en un acto de Ciutadans de Catalunya en Girona contra el Estatut.



einbahnstrasse © Todos los derechos reservados al autor
Sindica este sitio usando: RSS 1.0, RSS 2.0, Atom.
Esta bitácora se mantiene con Bitacoræ.